Introducción al Ayuno por Dr. Karmelo Bizkarra

El ayuno ha tomado parte de la vida diaria de la humanidad, especialmente en los momentos de rituales y ha sido utilizado en la triple vía de limpieza corporal, descontaminación mental y búsqueda de claridad espiritual.

En esta entrada tenéis recopilada toda la información que nos regala Dr. Karmelo Bizkarra en su web de Zuhaizpe.

También podéis pulsar en los links para ver cada apartado en su web original.

01. ¿Qué es y para qué sirve el Ayuno?
02. Aforismo Hipocrático
03. El Ayuno como puesta a punto
04. Consejos para el Ayuno
05. La eliminación
06. Beneficios del Ayuno
07. Síntomas que pueden aparecer en el Ayuno
08. Entrada al Ayuno
09. La realimentación
10. Recomendaciones prácticas
11. El Ayuno en la fiebre
12. Compañía durante el Ayuno
13. Crisis emocionales
14. Alimentación sana durante un tiempo
15.
¿Cuándo no hay que ayunar?
16.
Variante del Ayuno
17.
¿Qué hace el organismo cuando ayunamos?
18.
No hay carencias durante el Ayuno
19. El Ayuno en la historia 

 20. El Ayuno, un camino olvidado hacia la salud

01. ¿QUÉ ES Y PARA QUÉ SIRVE EL AYUNO?

El ayuno a agua o ayuno hídrico consiste en mantener al cuerpo bebiendo agua mientras el organismo se alimenta  de sus propias reservas.

En las  primeras horas del ayuno el cuerpo consume el azúcar (glucosa) en la sangre y la almacenada  en el hígado y los músculos. Posteriormente vive de transformar primero sus grasas y finalmente las proteínas. El organismo no deja de comer sino que hecha mano de los alimentos almacenados en sus propias células.

Solamente después de varias semanas el cuerpo consume todas las reservas y   puede reaparecer la sensación de hambre, aunque a veces no aparece.

Contrariamente a la idea que tenemos, el ayuno es más fácil de llevar de lo que imaginamos pues la sensación de hambre física desaparece el 1º ó 2º día de ayuno. Incluso se acompaña de sensación de tener el estómago lleno. Solamente puede haber cierto recuerdo psicológico de la comida.

El ayuno no es nada nuevo en la sociedad humana, desde hace miles de años culturas tanto de oriente como de occidente tenían integrados diferentes períodos de ayuno. Los animales y los niños por su propio instinto dejan de comer cuando están enfermos. El organismo indica que no es momento de introducir comida sino de eliminar las sustancias de desecho y los residuos tóxicos acumulados con el tiempo. Es un tiempo de eliminación y “limpieza” interna. Algo así como cerrado por limpieza e inventario.

El ayuno no es en sí una terapia, es la mejor manera de poner en descanso fisiológico el organismo. El ayuno realmente no cura, es el cuerpo el que se cura mientras ayunamos. Siempre el poder de curación es algo inherente al organismo vivo y ningún medicamento o médico puede llevarse los laureles de la curación. La curación es una cualidad del ser vivo, que mantiene en si mismo una parte de la capacidad curativa de la naturaleza.

La curación es un proceso biológico y el ayuno posibilita que el cuerpo ponga en marcha todos los mecanismos de desintoxicación  (limpieza) y regeneración. Cuando una persona ayuna no gasta energía en el proceso de digestión y asimilación de nutrientes y esa energía que ahorra la invierte en los procesos de eliminación   y autocuración. Todo ello lo hace guiado por la inteligencia somática, esa misma inteligencia que hace que nuestro corazón lata, de día y noche, que nuestros riñones filtren  la sangre de desechos o que el hígado tome las sustancias necesarias para reconstruir el cuerpo y sus funciones y neutraliza las sustancias tóxicas ingeridas, y todo ello sin que mentalmente o conscientemente tengamos que decirle como hacerlo. Esos mismos órganos, al no tener que trabajar en la digestión y asimilación de alimentos, recanalizan su energía hacia los procesos de curación. En resumen el ayuno no cura, es el cuerpo como organismo vivo que es el que pone en marcha todos los procesos de autocuración mientras ayunamos.

Ocurre con cierta frecuencia que al ayunar aparecen síntomas de desintoxicación y curación que con frecuencia confundimos con enfermedad: nauseas, a veces vómitos, dolor de cabeza, sensación de lengua blanca, boca pastosa, orina muy oscura y olorosa. Todos estos síntomas indican que el cuerpo esta en proceso de limpieza. Lo mismo le ocurre a un alcohólico o toxicómano  cuando deja de beber o utilizar la droga, su cuerpo entra en un proceso de limpieza al que llamamos síndrome de abstinencia. Cuando la persona deja de tomar alcohol, café, fritos, grasas, embutidos, conservas, sal, y va comiendo menos o deja de comer  pueden surgir los síntomas dichos que no son más que procesos de desintoxicación o limpieza que confundimos con síntomas de enfermedad. Estos síntomas muestran la capacidad de respuesta del organismo dirigido a eliminar la sustancias de desecho y tóxicos ingeridos en forma de estos “comestibles”,  y le llevamos asi ya que a muchos de ellos no podemos llamarles alimentos. Curiosamente los síntomas que hemos visto, y que pueden aparecer en un ayuno, son los mismos síntomas que surgen en las situaciones opuestas al ayuno, el “empacho”, por exceso de comida y bebida.

Es el descanso, quizás, la fuerza más curativa de la naturaleza y el ayuno es una forma de descanso, el descanso fisiológico. El cuerpo no gasta energía en la digestión, asimilación de alimentos y  nutrientes y la energía ahorrada en el ayuno la invierte para autocurarse. Es necesario que el ayuno se haga en unas condiciones adecuadas: en un lugar tranquilo, en un ambiente relajado, donde no te presionen para que comas. En contacto con la naturaleza si es posible ya que de esa manera nos podemos “alimentar” del contacto de la tierra y la naturaleza, con el agua, el aire y el sol, ya que en el sentido más profundo de la palabra los 4 elementos de la Naturaleza nos “alimentan”.

Hablamos de ayuno en esta sociedad, aquí y ahora, porque normalmente comemos en  exceso e ingerimos muchas sustancias que se pueden comer y beber pero que no nos nutren ni nos sientan bien. Después de largas temporadas de comer mucho o en exceso viene bien un descanso, un pequeño ayuno. Otras veces ante una crisis: catarro, anginas, bronquitis, vómitos, diarrea… que muchas veces no son más que crisis curativas o reacciones de limpieza y regeneración orgánica e incluso psicológica y emocional, el mismo cuerpo nos dice que dejemos de comer, se nos quita el hambre. Este es un buen momento de ayunar, el cuerpo no necesita introducir sustancias, necesita eliminar las que le están siendo perjudiciales. Lo único que nos pide muchas veces es agua, desaparece el hambre, se mantiene la sed, es momento de beber pero no de comer.  Recomendamos un mínimo de uno o dos vasos de agua al día durante el ayuno, dejándonos guiar por la sed.

Hay  ocasiones en las que no se recomienda ayunar, por ejemplo, en algunas enfermedades muy graves: cánceres extendidos, verdaderas enfermedades graves del corazón, insuficiencia renal. En estos procesos, y especialmente cuando nos da miedo el ayuno, puede ser aconsejable estar unos días a frutas o ensaladas, o alimentos crudos, y de esta manera el organismo tiene también un gran poder de limpieza y regeneración. Si además queremos o tenemos que seguir cierto ritmo de actividad diaria es preferible mantenernos a crudos (frutas, ensaladas, zumos de fruta, jugos de verduras), ya que el ayuno produce generalmente una interiorización de la energía. Durante el ayuno los órganos internos tienen más energía pero los músculos exteriores se quedan con poca energía  durante el ayuno. Hay cierto sentimiento de cansancio y necesidad de descansar y llevar un ritmo más bien lento. El descanso es imprescindible durante el ayuno, especialmente en las personas con poca energía.

Aconsejamos llevar a cabo el ayuno en un periodo tranquilo. Igualmente, si descansamos mucho nuestro cuerpo ahorra energía que la “invierte” (la lleva hacia dentro) hacia el proceso de desintoxicación y autocuración.

Además es igualmente imprescindible no tomar medicamentos o fumar durante el ayuno. A la hora de eliminar medicamentos y para evitar problemas recomendamos consultar antes a un médico experto en ayunos y dietas de desintoxicación.

Para resumir recordamos que el ayuno no cura, es el organismo vivo, nuestro cuerpo, el que se cura cuando estamos ayunando.

“Los alimentos en la convalecencia fortalecen, en la enfermedad debilitan”


02. AFORISMO HIPOCRÁTICO

¿Por qué el Ayuno?

El ayuno ha tomado parte de la vida diaria en la humanidad desde siempre, especialmente en los momentos rituales. La cuaresma no es más que un recuerdo de aquellos tiempos. Precisamente en el momento en el que la tierra se encuentra más desnuda en frutas y verduras. Ese era el momento adecuado para ayunar. Cuando las “despensas” del invierno se habían vaciado y la tierra no había dado aun sus primeros frutos.

El ayuno ha sido siempre utilizado en la triple vía de “limpieza” corporal, descontaminación mental y claridad espiritual.

En palabras de Pedro Laín Entralgo, gran especialista en Historia de la medicina y en Antropología médica: “A comienzos del siglo XIX….Vigente desde los hipocráticos, la restricción alimentaria en las enfermedades agudas seguía siendo la regla…” (Historia de la Medicina, pág.534. P. Laín Entralgo. Masson-Salvat).

Por la noche, descansamos, dormimos y ayunamos. Durante el día gastamos nuestra energía en la actividad de vigilia, en el  movimiento, en el trabajo, en nuestros problemas emocionales, en nuestros pensamientos, etc. Por la noche el cuerpo descansa y toda la energía de esas horas de reposo y ayuno se dirige hacia la recuperación, eliminación, y regeneración de lo gastado durante el día. El cuerpo se gasta y se consume de día, y se recupera de noche. Durante la noche, las fuerzas formadoras regeneran y reconstruyen el organismo.

Los niños pequeños que necesitan mucha energía para sus procesos metabólicos y de crecimiento, duermen mucho. El cuerpo recupera en el descanso de la noche lo que gastamos y “enfermamos” durante el día, y durante ese periodo el cuerpo descansa físicamente, y también  descansa fisiológicamente. Proceso éste último que conocemos como periodo de ayuno y que termina con el desayuno (des-ayuno).

Por la noche trabajan más las fuerzas de desintoxicación y regeneración, durante el día las fuerzas orgánicas están centradas en otras actividades: el movimiento, el trabajo, la relación con el mundo que nos rodea, la relación con los demás (incluidas las relaciones sexuales).

Cuando hablamos de ayuno nos referimos al periodo en el que nos mantenemos a agua, sin ninguna ingestión de otros alimentos. No olvidemos, de todas maneras, que el agua es una forma de “alimento”.

Si nos mantenemos a frutas o zumos hablaríamos de dietas de frutas o zumos. Y si nos mantenemos a frutas y ensaladas (con verduras crudas) hablaríamos de dieta de crudos.


03. EL AYUNO COMO PUESTA A PUNTO

El organismo sano tiene siempre un depósito de reservas nutritivas necesarias que le ayudan a salir del apuro cuando se encuentra por necesidad durante varios días o semanas sin alimentos.

Durante el ayuno el organismo puede curarse y normalizarse a sí mismo con más rapidez y eficacia. Se pone al día en los retrasos de eliminación de sustancias de desecho y tóxicas y en la reparación de tejidos y órganos.

Con el ayuno el cuerpo no deja de alimentarse ya que se alimenta de sus propias reservas. Se alimenta de su propio interior. Mientras existen reservas almacenadas en el cuerpo hablamos de ayuno. Cuando las reservas se agotan, el cuerpo comienza a digerir las partes y órganos más vitales. Este periodo es conocido como inanición. La inanición no aparece, en una persona con una constitución más o menos normal, antes de las cuatro semanas. Sólo en personas “consumidas” por un proceso de enfermedad o la anorexia, por ejemplo, el periodo de inanición aparece antes.

Rara vez le damos unas vacaciones al aparato digestivo. Los órganos digestivos se ven sobrecargados de trabajo por el exceso de una alimentación no adecuada. El ayuno es una buena manera de “dar vacaciones” a todos los órganos digestivos, incluidos el hígado y el páncreas.

Los animales y los niños ayunan por instinto, dejan de comer cuando sus energías son necesarias en la desintoxicación y en relación. Ayunan en la enfermedad y en los accidentes.

Cuando hay una crisis de desintoxicación (enfermedad aguda), un dolor físico y también cuando la persona se encuentra cercana a la muerte, son momentos buenos para ayunar. En esos momentos, con frecuencia, no hay ganas de comer, se pierde el apetito. La persona incluso puede incluso sufrir vómitos. El cuerpo rechaza la comida y si comemos aumentamos el sufrimiento.

En la naturaleza, en el medio silvestre o salvaje son muy frecuentes los periodos de ayuno. “Hay un momento para cada cosa, un momento para comer y un momento para ayunar”. Los animales que hibernan (oso, marmota, lirón) se pasan largos periodos sin ingerir alimentos, sólo asimilando las sustancias nutritivas acumuladas en sus células, tejidos y órganos.

Las semillas asimilan sus propias reservas para germinar o brotar en la primavera. En el ayuno hay una autolisis, proceso mediante el cual el cuerpo se alimenta de sus propias reservas.

Al contrario de lo que puede parecer, en el ayuno no se pasa hambre. Después de muchos años asesorando ayunantes no he visto que la persona pase hambre. Cuando se mantiene la sensación física de hambre apenas dura más de unas horas. Pocas veces dura 24 a 36 horas como máximo. En el momento que el cuerpo hecha mano de sus grandes recursos grasos desaparece la sensación de hambre.

Más adelante no hay sensación hambre durante el ayuno, aunque algunas personas sienten algo así como “hambre psicológica”. Incluso, aunque parezca mentira, hay muchas personas que mientras ayunan disfrutan de ver comer a otros o de hablar de comida o recetas. Todo depende del carácter de la persona, así como de la predisposición y los motivos para hacer el ayuno.


04. CONSEJOS PARA EL AYUNO

La persona que ayuna debe descansar para que el máximo de energía esté disponible en el proceso de eliminación y “puesta a punto” del organismo. El organismo humano no es una máquina a pesar de la visión mecanicista actual de todo lo vivo y tiene toda la capacidad de autorregeneración y autocuración.

Una herida se cicatriza sola; el hueso roto, si está en su sitio, se vuelve a soldar en los dos extremos, el cuerpo del bebé “sabe” como desarrollarse guiado por su propia sabiduría sin necesidad que le tengamos que decir como hacerlo. El organismo vivo tiene una gran capacidad de autorregulación, tanto en la salud como en la enfermedad.

Mediante el descanso y el ayuno  o descanso fisiológico,  ahorramos energía y dicha energía es dirigida hacia la recuperación. En el ayuno, el cuerpo no necesita gastar energías en la digestión y asimilación de los alimentos. Extrae su energía de las sustancias “predigeridas”, asimiladas y en reserva por todo el cuerpo, especialmente en el hígado, en la grasa y en el músculo.

Este ahorro de energía hace que la inteligencia corporal o somática inicie el trabajo de “limpieza” corporal y recuperación de las zonas alteradas. El cuerpo durante el ayuno pone el letrero de “cerrado por reparaciones”. Es momento de eliminar no de alimentarse.

Es importante que el ayunante este tranquilo, relajado y si es posible en contacto con la naturaleza, de la que nos alimentamos también. No sólo es alimento lo que comemos, también lo son los cuatro elementos de la naturaleza. Todos necesitamos el contacto con la naturaleza (al menos los fines de semana), el agua, el aire y el sol. Una persona puede estar varias semanas sin comer, sólo unos días sin agua y apenas unos minutos sin respirar. Esto nos indica que el agua y el aire son imprescindibles durante el ayuno.

Recomendamos mantener la ventana de la habitación abierta para no volver a respirar las sustancias volátiles  y tóxicas eliminadas a través de la respiración.

El agua es imprescindible durante el ayuno, el cuerpo necesita el agua como vehículo para sus procesos metabólicos, y durante el ayuno el agua nos ayuda a eliminar y depurar el organismo. La persona que ayuna tiene que tener especial cuidado en beber agua. Una buena medida de seguridad es beber al menos un litro de agua al día. Tampoco es bueno beber en exceso ya que podemos sobrecargar a los riñones ralentizando el proceso de eliminación. Al principio del ayuno, las personas que tienen gran retención de líquidos en el organismo, apenas tienen sed ya que su cuerpo es un “botijo” lleno de agua. Personalmente recomiendo sobrepasar en mucho el medio litro y como medida de seguridad un litro de agua es una buena medida.

Por supuesto es imprescindible hacer el ayuno bajo asesoramiento y control. Un ayuno de más de dos o tres días es necesario que sea vigilado por un médico especialista en el control del ayuno. Una persona enferma siempre debe de ayunar bajo estricta vigilancia de un médico especialista en ayunos.

El ayuno es algo muy natural pero es un nuevo “lenguaje” que hay que aprender para poder interpretar y traducir sus síntomas. El ayuno normal no da más que síntomas en general leves, pero hay que saber que nos transmite el cuerpo. La persona que toma medicamentos no puede interrumpirlos sin consultar con el médico. Las personas que no hayan tomado medicamentos responderán mucho antes al ayuno, obteniendo mejores resultados.

En los casos en los que no está aconsejado un ayuno podemos hacer una dieta a frutas o crudos (frutas o ensaladas) como proceso de eliminación. Si la persona no puede descansar para ayunar es mejor mantenerse a frutas o ensaladas o saltarse alguna comida de vez en cuando sustituyéndola por un zumo, unas frutas o ensaladas.

Hay pocas situaciones en las que no se recomienda ayunar. Sobre todo en enfermedades graves como algunos cánceres muy extendidos (especialmente de hígado o riñones, por ser órganos de desintoxicación con la capacidad mermada o casi anulada), tuberculosis diseminada, verdaderas y graves enfermedades del corazón,…


05. LA ELIMINACIÓN

Los residuos de la función de las células son eliminados hacia el exterior a través de los órganos de eliminación, normalmente tras ser neutralizadas y transformados por dichos órganos. Esta capacidad de eliminación aumenta con el ayuno, toda la energía se canaliza hacia esa función de limpieza.

En efecto, el organismo lleva siempre cierto retraso en su propia limpieza, y se pone “al día” mediante el ayuno.


06. BENEFICIOS DEL AYUNO

El ayuno, bien hecho, es verdaderamente efectivo para dar un buen “repaso” al cuerpo.

¿Y como se cura el cuerpo? El cuerpo guiado por su instinto somático siempre canaliza su energía hacia las zonas más necesitadas. Yo no sé mentalmente en este momento como funciona mi corazón o mis pulmones, pero sé que lo hacen en la mejores condiciones posibles. De la misma manera se cura el cuerpo sin que ni el mejor de los médicos sepa apenas cómo lo hace. El “médico interior” guía todos los procesos necesarios para conseguirlo.

El cuerpo humano es algo tan complejo que lo mejor es intervenir lo menos posible. Si intentamos arreglar la avería de un ordenador y no tenemos  muchos conocimientos de informática provocaremos una avería mucho mayor. Pues bien, muchísimo más complicado que un ordenador de última generación es el ser organismo humano. Cuanto más intervengamos mayores serán las posibilidades de avería. Sobre todo si no respetamos su capacidad curativa.

El cuerpo busca su equilibrio, o la homeostasis interna de la que hablan los estudios de la fisiología corporal. Y lo hace guiado por la propia inteligencia somática o instinto de conservación. El ayuno es uno de los mejores medios para buscar la armonía interna perdida en la enfermedad.

Durante el ayuno el cuerpo no pierde nada que le sea vital. Sólo pierde lo que no es útil, grasa excesiva, incluida el colesterol depositado en los vasos sanguíneos, y sustancias tóxicas y de desecho acumuladas en el cuerpo durante años. Los órganos vitales quedan intactos. Cuando una persona muere por inanición, que no por ayuno, tras más allá de 40 ó 50 días, los órganos vitales como el corazón y cerebro permanecen sin alteraciones, sólo pierden un 3% de su peso, y por supuesto ni un solo gramo de sustancias vitales.

En general, todas las enfermedades se ven favorecidas por el ayuno. Aunque en realidad el ayuno no cura nada. Es el cuerpo el que se cura en el proceso de ayuno. El organismo vivo tiene el poder de autocuración como parte del poder de curación y regeneración de toda la naturaleza. Que a pesar de los desastres ecológicos producidos por el ser humano, mantiene intactas su capacidad regenerativa y no sólo eso sino que además nos da de comer. La naturaleza, en un gran acto de amor, da de comer al que le destruye.

Es importante darse cuenta de que un ayuno no hace nada. Al poder curativo ya presente y activo dentro del organismo se le presenta la mejor oportunidad para realizar su trabajo cuando la persona ayuna. Al no ingerir comida canaliza su energía hacia la eliminación y regeneración celular, pudiendo recuperar


07. SÍNTOMAS QUE PUEDEN APARECER EN EL AYUNO

Los peores días del ayuno son, por diferencia, el segundo y el tercero. A partir de ahí los síntomas van normalmente desapareciendo, en forma incluso muy rápida. Al principio del ayuno predominan los síntomas de desintoxicación. Con el paso de los primeros días de ayuno disminuyen los síntomas de desintoxicación, que a veces son algo desagradables, para dar paso a la regeneración. Al principio del ayuno predomina la eliminación, al final la regeneración.

Dolor de cabeza
El dolor de cabeza, que normalmente dura unas horas y rara vez se alarga un poco más, es un síntoma muy frecuente, especialmente en las personas que tienen antecedentes de cefaleas o migrañas (dolores de cabeza). Este dolor de cabeza puede aparecer con el simple hecho de dejar de tomar café, comer una alimentación sana o descansar. Muchas personas tienen síntomas de desintoxicación durante el fin de semana cuando descansan o cuando inician sus vacaciones. Cuando el cuerpo descansa no gasta tanta energía hacia el exterior (trabajo físico o mental, preocupaciones…), y esa energía interiorizada se canaliza a los procesos de eliminación, desintoxicación, regeneración y aparecen los síntomas de desintoxicación.

En el ayuno, la energía que el cuerpo ahorra por no tener que digerir o asimilar los alimentos, se interioriza. Y con ella se ponen en marcha los procesos autocurativos del organismo. En el ayuno aparecen los síntomas, no de empeoramiento de la enfermedad sino de curación.

La boca
La cantidad eliminada de saliva disminuye y se siente la boca seca. Tiende a volverse neutra o poco ácida y no volverá a recuperar su alcalinidad habitual hasta el momento de la realimentación.
La lengua se puede volver blanca, muy blanca o cargada (saburral), a veces amarillenta y la boca pastosa. En la lengua aparecen a veces “manchas”, en lo que se conoce como lengua en forma de mapa geográfico.  Hay mal gusto de boca. Incluso el agua de bebida nos puede saber mal a consecuencia de ello. Estos síntomas van descendiendo y la lengua se va volviendo más rojiza en relación al avance del ayuno.

El aliento puede ser “cargado” y fuerte, fétido, intestinal o cetónico (olor a acetona). El olor dulzón a acetona indica la utilización especial de las grasas durante el ayuno para extraer la energía necesaria al organismo.

A veces tienen lugar una sensación de estómago lleno o incluso nauseas o vómitos, que indican el trabajo de regeneración del conducto digestivo y la eliminación de sustancias tóxicas a través de la bilis. Los vómitos pueden ser en pequeña cantidad en forma de jugos gástricos (más o menos transparentes o blanquecino) o de bilis ( de color amarillo o verde). Cuando la bilis está muy “cargada” de sustancias tóxicas y dichos tóxicos llegan al duodeno, o primera porción del intestino, el organismo humano, guiado por el instinto somático de autocuración elimina dichas sustancias tóxicas hacia arriba en forma de vómitos. Rara vez hacia abajo en forma de diarrea. Durante el ayuno el cuerpo responde con crisis curativas o de desintoxicación.

Menos fuerza
Hay un sentimiento de menos fuerza muscular o debilidad que aparece, aunque varía mucho de persona a persona. Ocurre con frecuencia, que cuando más descansamos durante el ayuno más débiles nos sentimos. Hay una mayor interiorización de la energía y eso es beneficioso para el trabajo de eliminación y regeneración.

Molestias de estómago
Con relativa frecuencia durante el ayuno aparecen molestias en el estómago, hígado o intestino que indican los procesos de eliminación de sustancias tóxicas y la regeneración de las zonas enfermas o “sensibles” a causa de procesos físicos o psicosomáticos anteriores.

El aparato digestivo, que “descansa” durante el ayuno, invierte su trabajo. Al no tener que digerir alimentos, utiliza su energía para recuperar y renovar los órganos más afectados (estómago, hígado y conducto intestinal), y esto hace que la zona se vuelva más “sensible”. La zona afectada o enferma nos puede molestar en el ayuno cuando el cuerpo intenta regenerar y curar dicha zona.

La aplicación de una bolsa de agua caliente localmente en el abdomen o en la zona hepática puede calmar o aliviar los posibles trastornos intestinales que aparecen durante el ayuno.

Descenso de peso
El descenso de peso es bastante rápido al principio del ayuno, aunque a veces cuesta algo más. Ello es debido a la eliminación  del agua retenida en el cuerpo y las sustancias tóxicas almacenadas en él. Al principio del ayuno aumenta la diuresis o eliminación de agua por la orina.

Las personas que tienen una “retención de líquidos” tienden a perder menos cantidad de agua y por ello de peso. Es más, muchas personas notan que han bajado en volumen y apenas o no tanto en peso. Notan que la ropa les queda más floja, aunque la aguja del peso sigue sin descender. Cosa que afecta mucho a los que se obsesionan por bajar de peso.

Nunca debemos olvidar que la finalidad del ayuno no debe ser el descenso de peso, aunque ese descenso es consecuencia de la eliminación de sustancias tóxicas acumuladas durante años en el cuerpo. Cuando la finalidad del ayuno es bajar de peso, la persona sube de peso muy rápidamente con la realimentación. La ansiedad aumentada al dejar el ayuno puede hacerle descontrolar y comer en exceso o ingerir alimentos no adecuados.

Sensación de mareo
Algunas veces ocurren mareos durante el ayuno, sobre todo al levantarse de forma brusca (es la hipertensión ortostática). Por eso es bueno levantarse poco a poco, por etapas (estar un rato sentado antes de ponerse de pie).

La orina
La orina se hace más oscura, olorosa y se carga de sustancias. Puede aparecer “cargada” de sedimentos en forma de arenilla.

Sensación de frío
Hay una mayor sensación de frío en los pies y en las manos. Síntomas de interiorización de la energía y de la sangre hacia los órganos internos. Para aumentar el proceso de desintoxicación la sangre se retira de las zonas más periféricas. Una bolsa de agua caliente (no una manta eléctrica), puede ser una buena “compañera” para calentar los pies.

Aumenta la sensibilidad de los sentidos
Desciende mucho la tolerancia, a los ruidos, a la luz, a los demás. El ayuno favorece el retiro y la interiorización física y psíquica. No es casualidad que en las civilizaciones antiguas se realizara el ayuno en momentos de retiro y meditación. En la Biblia vemos que Jesús se retira al desierto para ayunar.

Se recomienda hacer el ayuno en un lugar tranquilo, en contacto con la naturaleza y fuera de los ruidos y ajetreos de las grandes ciudades. He visto muchas veces que las personas que ayunan se vuelven mucho más sensibles al ritmo de la ciudad y se cansan o incluso se agotan con relativa facilidad. El ayuno en contacto con la naturaleza ayuda a la curación. Y si no es posible, una habitación aireada y limpia y unas cuantas flores nos pueden hacer salir del paso de forma airosa.

Insomnio
Con frecuencia aparece el insomnio o hay una disminución de la capacidad para dormir. La persona que ayuna duerme menos. Todos sabemos que una comilona nos lleva a echarnos una siesta o a descansar durante unos minutos después de comer.

Ocurre también que la persona tiene la sensación de que duerme menos de lo que verdaderamente duerme. Mientras él se queja de no dormir bien, los compañeros de habitación “certifican” que duerme más de lo que dice.

La persona ayunante se hace especialmente sensible a los olores: del tabaco, perfumes,…incluso puede llegar a marearse ante los olores fuertes de colonias y desodorantes químicos y sintéticos.

Olor corporal
El ayunante se queja de olor corporal que no desaparece por mucho que se bañe. Es un olor corporal que indica procesos de eliminación, de desintoxicación.

Aumento del pulso
Al principio del ayuno puede haber un aumento de los latidos cardíacos, del pulso. Durante los primeros días del ayuno, cuando las sustancias tóxicas se eliminan en mayor cantidad, hay un aumento de la frecuencia cardiaca. Incluso pueden aparecer palpitaciones que desaparecen en cuestión de segundos

El aumento de las pulsaciones coincide con el descenso de peso. A mayor pérdida de peso, mayor número de latidos. Tras los primeros días de ayuno las pulsaciones disminuyen.

Ambas cosas indican una aceleración de la eliminación. Rara vez las pulsaciones pueden pasar de los 100-110 por minuto. Si esto ocurre durante un periodo breve no es alarmante, pero si se prolonga se necesita la vigilancia estrecha de un asesor higienista. Otras veces, por mayor seguridad, es mejor cortar el ayuno.

Lo normal es que el cuerpo, regido por su instinto de conservación, mantenga estas variaciones bajo límites no perjudiciales. Pero cuando esta capacidad autocurativa y de autorregularización no surge desde el interior o se ha perdido por una grave enfermedad, tiene que ser guiado por un experto higienista desde el exterior.

Pequeñas molestias
Puede haber una sensación de molestias o dolor, normalmente muy leve, en la zona del hígado o en los riñones.

No hay heces
En situación normal el ayunante no expulsa normalmente heces (cacas) durante los días de ayuno, pero en las personas afectadas de trastornos intestinales puede haber eliminación de heces durante varios días. A veces, cuando la bilis es muy tóxica, el cuerpo la elimina acelerando el tránsito intestinal para que no perjudique al intestino.

Cuando el contenido intestinal es muy tóxico, el organismo reacciona eliminando en forma de heces, con frecuencia muy olorosas y oscuras, casi negras (color brea). Las materias fecales son transformadas por la bilis y son expulsadas al exterior del cuerpo en caso de que la inteligencia somática (del cuerpo) vea necesario.

A veces el ayunante sufre de gases intestinales y su eliminación hacia arriba (en forma de eructo) o hacia abajo por el ano (pedos). Esto tiene que ver con la eliminación de la bilis y su transformación a lo largo del conducto digestivo. A veces parece ser una forma extra de eliminación.

De normal no se forman heces duras (tapón rectal), pero esto puede ocurrir en las personas intoxicadas, con poca energía y que hacen  un ayuno demasiado prolongado para su situación o cantidad de energía vital. Puede aparecer también un tapón en aquellas que no han realizado una buena preparación al ayuno mediante una alimentación a base de frutas y verduras. Especialmente crudas los dos o tres días anteriores al inicio de ayuno. Rara vez durante el ayuno puede aparecer una diarrea como una manera de eliminación extra del contenido intestinal.

La eliminación progresiva de los restos intestinales previene de la aparición de “tapones fecales” (fecalomas), por endurecimiento excesivo de las heces. Esto es specialmente importante en personas con antecedentes de hemorroides (almoranas), porque puede agravar el cuadro o hacer aparecer una hemorroide larvada (que no da aún síntomas) en la realimentación. Es frecuente que la primera deposición sea muy oscura, color brea, muy olorosa y líquida o blanda.

Si decimos que una persona tiene sensación de estómago lleno, la boca seca, la lengua blanca, nauseas, vómitos; nos parecerá que la persona está “empachada”. Pero curiosamente los mismos síntomas acompañan al ayuno. La persona que ayuna tiene con frecuencia los mismos síntomas que cuando está empachado. Los extremos se tocan, esta vez.

Con frecuencia en el ayuno no aparecen síntomas especiales, sobre todo en personas jóvenes y sin enfermedades.


08. ENTRADA AL AYUNO

Es necesario descender poco a poco al ayuno, especialmente si queremos hacer un ayuno mediano o largo. Conseguiremos así reducir la aparición de las crisis de desintoxicación y eliminaremos al máximo posible el contenido en residuos intestinales. Con el descenso lento disminuimos al máximo la frecuencia de aparición de síntomas molestos o dolorosos (dolores de cabeza, náuseas, dolores en los riñones…).

En un paso brusco al ayuno los órganos de eliminación (hígado, riñones, pulmones, piel) pueden verse sobrecargados. Los síntomas de desintoxicación vistos antes ocurren sobre todo en las personas muy intoxicadas.

Recomendamos hacer una entrada suave con un régimen suave (régimen asociado: frutas, verduras, cereales integrales, frutos secos; eliminando progresivamente carnes, pescados, huevos y lácteos), seguidos por unos días de crudos y finalmente de frutas. La entrada lenta es especialmente necesaria en las personas muy intoxicadas o en las que toman medicación. No es tan imprescindible en personas jóvenes, sin enfermedades graves o que llevan una alimentación sana. Aunque no hay que violentar nunca al cuerpo.

Con el descenso lento, además de disminuir los síntomas de desintoxicación evitaremos la utilización de enemas.

Algunas personas, de todas maneras, se ven sorprendidas con crisis durante la preparación al ayuno que les obliga a entrar directamente al ayuno. El cuerpo manda y dirige el camino.


09. LA REALIMENTACIÓN

La realimentación tras el ayuno tiene que ser progresiva y a base de alimentos adecuados. Las frutas o los zumos de frutas son los alimentos más aconsejables en la realimentación. Las naranjas y las mandarinas durante el invierno y el melón o la sandía por su alto contenido en agua son las mejores frutas para comenzar a comer tras el ayuno. Un exceso de comida o unos alimentos no adecuados pueden dar al traste con los beneficios conseguidos con el ayuno.

Normalmente, la realimentación progresiva tiene que durar al menos la mitad de los días de ayuno, y mejor aún si la realimentación dura los mismos días que los de ayuno. Para un ayuno de una semana podemos comenzar a realimentarnos con fruta acuosa durante un par de días. El día tercero podemos añadir ensaladas. Al cuarto, si queremos, añadimos unas verduras cocidas. Al quinto día lo que conocemos como el Régimen Asociado.

A veces puede ocurrir que tras realizar un ayuno sin especiales síntomas, estos aparezcan en la realimentación. Son las llamadas Crisis Postayuno. Hay que tenerlos en cuenta para saber actuar.


10. RECOMENDACIONES PRÁCTICAS

El reposo es necesario durante el ayuno, aunque se recomendable el paseo suave y airearse para no estar totalmente parado. El exceso de horas de cama puede hacer empeorar el estado mental del ayunante.

Durante el ayuno disminuye el metabolismo y aparece la sensación de frío. Es necesario que la persona  no pase demasiado frío. Una  bolsa de agua caliente (que no queme) puede ser una buena compañía. Cambiamos la bolsa de suero por la de agua caliente. Mientras tanto es necesario cubrirse con ropas cálidas, incluso en verano. De todas maneras es necesario no calentar en exceso la habitación, y menos con calefacción. El aire excesivamente caliente reseca los pulmones y hace disminuir la eliminación.

Durante el verano es necesario reservarse del sol caliente, especialmente en la cabeza, ya que la persona se hace muy sensible al calor. Es mejor estar a la sombra durante el verano. En la época de invierno los rayos solares pueden ser muy revitalizantes para el ayunante.

En el ayuno no es bueno mantener una actitud mental activa (no darle demasiadas vueltas a la cabeza) sino una actitud de escucha de las reacciones del cuerpo. Un estado de contemplación de la naturaleza. Como en el ayuno no se come nada, tampoco es bueno “comerse el coco”.

Es recomendable que durante el ayuno se descanse lo suficiente. Dando pequeños paseamos  para airearnos y “descansar” así la cabeza. No es necesario mantener cama a toda costa, pues de esta manera puede haber una pérdida energética excesiva a través de nuestros pensamientos.
Evitar grandes esfuerzos. Es momento de descansar.

La persona que ayuna debe reducir el gasto exterior de energía, dejando de trabajar, de preocuparse y manteniéndose lo más tranquilo posible. En un lugar relajado, sin ruidos. Evitando el exceso de lecturas prolongadas, y conversaciones excesivamente largas. El ayuno es un momento de interiorización y de aislamiento. El cuerpo retira la energía del sistema de relación con el exterior y la concentra en la eliminación y en la reparación y renovación de las zonas afectadas.

Es necesario mantenerse en un estado de relajación, sin tensiones mentales, preocupaciones, alejados de las malas noticias, sin ver la TV, en contacto con la naturaleza, en un entorno que favorezca el descanso y la interiorización. Recomendamos encarecidamente mantener una actitud positiva ante la vida, aún en los momentos más difíciles.

Es necesario mantener un buen aseo personal. El ayunante elimina muchas sustancias tóxicas por la piel, manteniendo un olor característico. No es necesario tampoco utilizar continuamente jabón pues ese olor surge de dentro y tiene que ver con la eliminación de sustancias tóxicas, desde el interior del cuerpo hacia el exterior. Si limpiamos el interior del cuerpo, no necesitaremos limpiar tanto el exterior. El olor corporal de una persona enferma o intoxicada es desagradable. Por el contrario el olor de la piel de una persona sana es agradable, como la piel de un niño recién bañado.

Durante el ayuno no debemos utilizar agua ni demasiado caliente ni demasiado fría, para evitar un despilfarro de la energía vital. Cuando el agua es fría el cuerpo tiene que poner en marcha un aumento del metabolismo para contrarrestar esta disminución de la temperatura.

Es recomendable, durante el ayuno, no darse baños (en la bañera) de agua muy caliente ni durante mucho tiempo pues podemos provocar mareos por un estado temporal de hipotensión. La sangre durante el baño caliente se deriva hacia la piel para favorecer la pérdida de calor interno del organismo, y temporalmente puede dar como resultado una disminución temporal de sangre en los sistemas internos del cuerpo y especialmente en el cerebro. Ello puede ocasionar un mareo puntual que no es aconsejable durante el ayuno. Si por cualquier motivo el baño de agua caliente es aconsejable, por ej. en un cólico de riñón o dolor de regla, durante el ayuno es aconsejable que la sala de baño esté bien aireada para que no se acumule el calor ni el vapor de agua, que pueden dar una verdadera sensación de agobio.

Es mejor reducir el contacto con el exterior, evitar lo máximo las llamadas por teléfono, las malas noticias. Evitar las preocupaciones para poder recogerse en sí mismo o interiorizar en la vida.
No es bueno conducir un coche durante el ayuno, para prevenir problemas.


11. EL AYUNO EN LA FIEBRE

El ayuno regula la temperatura del cuerpo. La fiebre sube aún más cuando comemos. Todos tenemos la experiencia de que una gran comilona nos hace aumentar la temperatura corporal. Comenzamos quitándonos una prenda de ropa tras otra, hasta quedarnos casi sin ropa. De la misma manera sube la temperatura si seguimos la actividad diaria. El trabajo o el ejercicio aumentan la temperatura corporal. Por eso en la fiebre lo más recomendable es mantenerse con agua y en cama. En la Ribera de Navarra, dicen que la persona enferma necesita “caldico y quietud”.

El ayuno hace pues bajar la temperatura. Tampoco hay que olvidar que la temperatura cambia a lo largo del día. La temperatura mínima tiene lugar hacia primeras horas de la mañana y la máxima hacia el atardecer. 


12. COMPAÑÍA DURANTE EL AYUNO

Un ayuno es más fácil cuando se hace en compañía, especialmente de otras personas ayunando. Una persona que ayuna puede animar a otras personas a realizar una ayuno. Un ayuno en grupo es más fácil. La persona que ayuna se identifica y agradece la compañía de otro ayunante a su lado.

El ayuno es un momento de recogimiento y no todas las personas están preparadas, ni fisiológica ni psicológicamente para vivirlo. La sensación de soledad se puede ver acrecentada, y es difícil de ser aceptada por una persona muy volcada hacia la vida exterior. Igual que el sentimiento de impotencia o de no llegar.


13. CRISIS EMOCIONALES

Pueden ocurrir crisis o cambios psíquicos de descarga emocional leves durante el ayuno. A veces inestabilidad emocional, inquietud, agresividad.

No olvidemos que utilizamos la comida para tapar ansiedades, preocupaciones, disgustos, etc. y cuando dejamos de comer quitamos la “tapadera” y pueden surgir diferentes síntomas psicoemocionales. De pequeño cuando el niño llora la madre piensa casi siempre que tiene hambre. El niño puede llorar porque tiene frío, esta mojado, siente a la madre nerviosa… pero la madre interpreta, muchas veces de forma errónea, y le da de comer.

No se hasta que punto cuenta este mecanismo. Una vez somos adultos cuando estamos mal, aburridos, nos hemos enfadado, o nos han dicho que no nos quieren echarnos mano de la comida para “tranquilizarnos”.


14. UNA ALIMENTACIÓN SANA DURANTE UN TIEMPO

Una alimentación sana durante un tiempo puede ser una buena preparación al ayuno. El cuerpo lleva a cabo, poco a poco, la eliminación y es más difícil que aparezcan crisis de desintoxicación. Aunque a veces esos síntomas ocurren al mejorar la alimentación y comenzar una dieta sana.

Cualquier persona que se prepare para ayunar no debe olvidar que al principio del ayuno pueden empeorar los síntomas. Durante el ayuno el cuerpo hace un repaso a su interior y pueden aparecer síntomas desagradables y molestos, que si la persona no entiende como lo que son, puede concluir que el ayuno es malo. Una persona alcohólica o toxicómana se siente peor cuando no beben o toman drogas, su cuerpo comienza a desintoxicar y aparece el síndrome de abstinencia. Si ellos vuelven al alcohol o a las drogas, los síntomas desagradables y molestos desaparecen. Ello no indica que el alcohol o las drogas sean buenas, sino todo lo contrario. El cuerpo, durante el ayuno, empeora para curarse. Son síntomas de desintoxicación y renovación. A veces, cuando las enfermedades son graves, es necesario tener claros lo que puede ocurrir antes de que aparezca la mejoría.

A veces, pocas veces, la persona puede pasar por una época más larga de empeoramiento de los síntomas de su enfermedad.


15. ¿CUÁNDO NO HAY QUE AYUNAR?

Son muy pocas las situaciones en las que no está recomendado ayunar. Entre ellas podemos destacar: la tuberculosis diseminada, el cáncer muy extendido, la delgadez o caquexia extrema, cirrosis hepática, las enfermedades cardíacas verdaderamente graves, personas que tienen un órgano transplantado, y a las que se les ha extirpado la tiroides…y el miedo al ayuno.

Cuando no es el mejor momento para ayunar, por ejemplo cuando la persona toma muchos medicamentos, se aconseja una alimentación sana durante un tiempo más o menos prolongado antes de plantearse un ayuno. Todo ello depende de la enfermedad y del medicamento que esté tomando.

Hay medicamentos con los que hay que tener especial cuidado. No se pueden eliminar sin un estricto control médico: los anticoagulantes, los betabloqueantes, los broncodilatadores, la insulina, los corticoides. Sin olvidar que algunos pocos medicamentos no se pueden eliminar de por vida. Dejemos de lado cualquier posición extremista.

¿Y antes de una intervención?

Es recomendable ayunar un par de días o tres, o mantenerse a frutas o frutas y ensaladas, antes y después de cualquier operación verdaderamente necesaria e inevitable. No podemos olvidar que ahora mismo en los hospitales hay mucha gente “ayunando”. Muchas “pacientes” están recibiendo solamente un poco de agua con algunas sales minerales o un poquito de azúcar. A este aporte le llamamos “suero”, cuando en realidad es un poquito de agua, y nada más.


16. VARIANTE DEL AYUNO

Algunas personas consideran aburrida una dieta a agua. A otras les sabe mal el agua, debido a que se sensibilizan los sentidos y la lengua está saburral. Por esta razón pueden parece interesante beber pequeñas cantidades de zumo de limón o naranja con el agua para darle sabor. Esta es una buena manera de asegurar que el ayunante beba la cantidad necesaria de agua.
Con el tiempo frío podemos  seguir ayunando con caldo caliente muy ligero.


17. ¿QUÉ HACE EL ORGANISMO CUANDO AYUNAMOS?

– Degrada las grasas del organismo, lo que ocasiona una rápida pérdida de peso.
– Se reabsorben, y este es un hecho muy comprobado, los depósitos de colesterol en las arterias.
– Aumenta la cantidad de orina eliminada o diuresis. Esto explica la gran cantidad de peso perdida por algunas personas durante los primeros días de ayuno.
-Desvía la energía utilizada en el proceso digestivo hacia la eliminación de sustancias de desecho, poniendo al día el retraso crónico en la eliminación que tiene lugar por nuestra alimentación excesiva y no adecuada, que hace que los órganos de eliminación (especialmente hígado, riñones, pulmones y piel) se ven sobrecargados de trabajo y no cumplen de forma muy efectiva su trabajo. El ritmo de vida, los factores psicoemocional y el estrés, agotan al cuerpo y a sus órganos de eliminación también.
– Desvía la energía utilizada en el proceso digestivo hacia los tejidos y órganos que necesitan ser reparados, regenerados y revitalizados.
– Al ayunar le damos la oportunidad para que descanse verdaderamente el aparato digestivo con lo que puede “poner al día” sus funciones y recargar sus energías.
– El cuerpo se alimenta de las reservas menos vitales y ocurre con frecuencia una desintegración de quistes, abscesos, bultos, tumores benignos. Incluso tiene un gran efecto sobre los tumores malignos. Durante el ayuno, el organismo primero degrada y quema las sustancias no esenciales para obtener energía. Una fuente de material no esencial es el tejido enfermo, como los tumores benignos. Cuando el organismo físico no tiene comida, los tejidos se utilizan en orden inverso a la importancia que tienen para el organismo. Primero se utilizan los menos vitales. La grasa es el primer tejido en desaparecer. Para suministrar nutrientes a los tejidos más vitales, como el cerebro, los nervios, el corazón y los pulmones, las reservas almacenadas se utilizan antes de utilizar cualquier tejido funcional del organismo.
– Durante el ayuno, la capacidad del organismo para disolver los coágulos aumenta considerablemente. Este proceso, denominado fibrinolisis, no permite que se produzcan problemas tales como trombosis o embolias.
– Aumenta la capacidad inmunitaria del organismo.

De todas maneras no podemos olvidar que el cuerpo no tiene un poder de recuperación ilimitado y por ello es mejor prevenir que… Conforme avanza  la vida, los poderes de curación disminuyen.


18. ¿QUÉ HACE EL ORGANISMO CUANDO AYUNAMOS?

Como dice el Dr. Alan M. Immerman, es significativo que, incluso en ayunos prolongados de varias semanas, jamás aparecen enfermedades carenciales como el beriberi, la pelagra, raquitismo, escorbuto u otras, lo que demuestra que las reservas del organismo suelen estar bien equilibradas. Se ha demostrado por el contrario que el ayuno mejora los estados de raquitismo y el metabolismo del calcio. En la anemia, el número de glóbulos rojos aumentan durante el ayuno. el Dr. Alan M. Immerman ha observado mejoras en la pelagra durante un ayuno. El equilibrio bioquímico se puede conservar e incluso recuperar durante el ayuno. Es importante saber esto porque si no fuese así el ayuno sería perjudicial.

Numerosos experimentos con animales han demostrado que la subalimentación —en contraste con la sobrealimentación— tiende a prolongar la vida y a mejorar la salud.


19. EL AYUNO EN LA HISTORIA

El ayuno desde siempre ha tomado parte de la vida diaria de la humanidad, especialmente en los momentos de rituales. El ayuno de cuaresma no es más que un recuerdo de aquellos tiempos. En el momento en el que la tierra se encontraba más desnuda en frutas y verduras, antes del comienzo de la primavera, era el periodo adecuado para ayunar. Cuando las “despensas” del invierno se habían vaciado y la tierra no había dado aún sus primeros frutos de la primavera era el tiempo idóneo para el ayuno. Hubiera sido absurdo, especialmente hace siglos, instaurar la época de ayuno durante el verano por ejemplo, cuando la tierra nos da un gran número de frutas y verduras.

El ayuno ha sido siempre utilizado en la triple vía de limpieza corporal, descontaminación mental ybúsqueda de claridad espiritual.

El ayuno tiene una larga historia y en gran parte está asociada a la religión y en la Biblia podemos encontrar unas 300 referencias al respecto.

Los místicos Juan de la Cruz, Teresa de Jesús y Francisco de Asís, realizaron muchos periodos de ayuno. En septiembre de 1224, tras cuarenta días de ayuno, mientras rezaba en el monte Alverno, Francisco de Asís sintió un dolor mezclado con placer y en su cuerpo aparecieron las marcas de la crucifixión de Cristo, los estigmas. Los antiguos místicos, consideraban el ayuno como un medio imprescindible para el desarrollo espiritual.

Fue importante en otra época el periodo de Cuaresma, periodo de ayuno, abstinencia y penitencia observado según la tradición cristiana. La duración de los cuarenta días de semiayuno de Cuaresma, fue establecido en el siglo IV. El martes de Carnaval, día anterior al Miércoles de Ceniza en el calendario cristiano, señala el comienzo de la Cuaresma, que es tradicionalmente un periodo de ayuno. O así lo era antes. En Alemania y Austria, el Martes de Carnaval se llama Fastnacht (‘víspera de ayuno’); en los países del sur de Europa se llama carnaval (palabra que procede de la expresión latina carnem levare, “quitar la carne”) que indica la prohibición de la ingestión de carne durante la cuaresma. Por lo general se celebra durante los tres días, llamados carnestolendas, que preceden al Miércoles de Ceniza, comienzo de la Cuaresma en el calendario cristiano.

El ayuno se ha practicado durante siglos para la preparación de ceremonias y ritos de diversas religiones y filosofías de vida que lo contemplan en mayor o menor medida, tales como el cristianismo, el judaísmo, el islam, el confucionismo, el hinduismo, el taoísmo y el jainismo. Aunque el budismo sólo hace hincapié en la moderación en el consumo de alimentos, algunos de sus seguidores, también practican ayunos.

Es y ha sido practicado entre los chamanes de diversas culturas a lo largo y ancho de toda la geografía del planeta, especialmente como preparación de festividades concretas durante el año o para celebrar rituales de curación o rituales de acceso al “mundo paralelo” al que acuden en “búsqueda de la visión” para recoger información válida que les ayude en sus acciones de cura a los individuos de su tribu o clan.

También es y ha sido utilizado en los rituales e iniciaciones de muchas culturas a lo largo y ancho del mundo. En el siglo XIII, se otorgaba la dignidad de caballería con un ritual complejo; la Iglesia pedía al escudero que consagrara su armadura en el altar, que pasara la noche previa en vela orando y en ayuno, y que tomara un baño ritual antes de vestirse. Entonces se presentaba para ser armado caballero, investido con el derecho para portar las armas.

Entre los monjes cartujos, tres veces a la semana no se comía pan, agua, ni sal, y muchas veces al año mantenían largos ayunos.

Según el Dr. Bertholet, los normandos tenían la costumbre, antes de entrar en campaña, de hacer un ayuno según decían ellos, para afrontar la muerte con el cuerpo y el espíritu purificados. Los antiguos arios, según el Dr. Möller, tenían la costumbre de ayunar un día por semana.

El ayuno era una práctica común entre los indios Hopi de Norteamérica. La danza de la serpiente es un rito en el que se ayuna. En un momento del desarrollo de la fiesta cada participante sostiene una serpiente entre los dientes mientras baila. Al día siguiente de la ceremonia las serpientes son devueltas a la naturaleza para que difundan la noticia de que los hopis viven en armonía con el mundo natural y espiritual.

El ayuno también se ha practicado a lo largo de la historia con la intención de alejar las catástrofes o como forma de cumplir una penitencia por cometer un pecado. Algunos grupos indígenas estadounidenses mantenían ayunos tribales para conjurar desastres amenazadores, mientras que determinadas culturas indígenas mexicanas e incas guardaban ayuno para entrar en relación con sus dioses. Era practicado también el ayuno en las ceremonias rituales de los aztecas.

La abstinencia de alimentos formaba también parte de los ritos de fertilidad en algunas ceremonias primitivas. Muchas de esas ceremonias se practicaban en los equinoccios de primavera y otoño y han perdurado durante siglos.

Los documentos existentes demuestran que la práctica del ayuno o la abstinencia, ya sea parcial o completa de alimentos, existió en Asiria, Babilonia, China, Grecia, India, Palestina, Persia y Roma. Por el contrario la decadencia y desaparición del imperio romano coincidió con su época de excesos, entre ellos de la comida. Sabemos que vomitaban después de comer en exceso para poder seguir comiendo.

Los grandes excesos frecuentes con la comida y la bebida están siempre ligados al declive de una sociedad o cultura y esto lo tenemos que tener en cuenta actualmente. Una cosa es disfrutar de la comida y otra es hartarse de ella. Desde ahí podemos igualmente llegar a hartarnos de la vida.

Los datos que poseemos de las primeras civilizaciones de Mesopotamia y Egipto indican que cierta forma de ayuno era una parte importante de la práctica religiosa. Era una práctica común también entre los antiguos persas. En Egipto, los candidatos a la iniciación en los misterios de Isis y Osiris se sometían a una abstinencia total de siete días. La iniciación a los misterios de Eleusis entre los griegos requería la misma abstinencia, y el período de dichos rituales sagrados oscilaba de siete a nueve días. Sócrates y Platón ayunaban regularmente durante diez días seguidos. Para entrar en la escuela Pitagórica era requisito hacer un ayuno. En el templo de Delfos, en la Grecia antigua, la sacerdotisa no podía consultar el oráculo más que tras ser purificada por un ayuno de veinticuatro horas.

En el Antiguo Testamento, se menciona con frecuencia el ayuno e incluso curaciones que seguían a esta práctica. Por otro lado Buda realizó múltiples ayunos en el camino hacia su despertar. En los pueblos célticos, todo candidato a ser druida debía someterse a una larga preparación que incluía el ayuno.

En el maniqueísmo, antigua religión que desapareció del mundo occidental a principios de la edad media y que tomó el nombre de su fundador, el sabio persa Mani (216-276 dC), los discípulos practicaban ayunos semanales. San Agustín, el gran teólogo del siglo IV, fue maniqueo durante nueve años antes de su conversión al cristianismo aunque más tarde escribiría documentos importantes contra este movimiento, que también había sido condenado por varios papas y emperadores romanos.

Los primeros cristianos asociaron el ayuno con la penitencia y la purificación (ver por ejemplo: Mat. 6,16; Mr. 9,29). Uno de tantos ejemplos es el de Joel 2,15: “Tocad la trompeta de Sión, promulgad ayuno, pregonad asamblea”. El ayuno para los israelitas, como dice Rüdiger Dahlke, era el medio acreditado para mostrar a Dios su humildad e implorar gracia y ayuda: “Entonces rogó David a Dios por el niño y ayunó” (2 Samuel 12,16). “Sabéis qué ayuno quiero yo?, dice el Señor: Romper las ataduras de la iniquidad, deshacer los lazos opresores, dejar ir libres a los oprimidos y quebrantar todo yugo; partir su pan con el hambriento, abrigar al pobre sin abrigo, vestir al desnudo y no volver tu rostro ante tu hermano. Entonces brillará tu luz como la aurora y se dejará ver pronto tu salud…(Isaías 58,3-9).

Durante los dos primeros siglos de su existencia, entre los primeros cristianos se estableció el ayuno como una preparación voluntaria para recibir los sacramentos de la eucaristía, el bautismo y las órdenes sagradas. Más tarde, estos ayunos se hicieron obligatorios. En el siglo VI, el semiayuno de Cuaresma se amplió de las 40 horas originales (el tiempo que pasó Jesucristo en el sepulcro) hasta los 40 días en los que sólo se permitía una comida al día. Después de la Reforma, la mayoría de las iglesias protestantes mantuvieron el ayuno y en algunos casos se hizo opcional. La Iglesia ortodoxa mantiene el cumplimiento de los ayunos.

Durante los primeros tiempos de la era cristiana la práctica del ayuno de veinticuatro horas era muy común. Es lo que se llamaba en latín: “Jejunium a vespera ad vesperam”. Ayunar desde el atardecer de un día al atardecer del siguiente.

Los persas, según Herodoto, mantenían su vitalidad y fortaleza del hecho de no hacer más que una comida al día y de abstenerse de carne. Avicena, famoso médico y filósofo árabe de la edad media, prescribía ayunos de 3 a 6 semanas a sus enfermos.

A. Reville cuenta igualmente que los sacerdotes del antiguo México vivían una vida austera y practicaban largos ayunos. “Previamente a todas las fiestas, se debían imponer un ayuno más o menos prolongado. Sus discípulos eran sometidos a una disciplina rigurosa con ayunos progresivos”.

Entre los judíos, el ayuno se ha guardado, con sentido penitente y purificador, cada Yom Kipur (‘día de la expiación’) desde que fuera prescrito con tal sentido por Moisés; en este día sagrado no se permite ni comer ni beber. Es muy conocido también el ayuno diurno, que acaba tras la puesta del Sol, realizado por los musulmanes durante el mes del Ramadán. En 1973, Egipto y Siria se unieron en un ataque contra Israel, con la intención de reconquistar el territorio árabe tomado por Israel en la guerra de los Seis Días (1967). Desencadenaron el ataque el día del Yom Kipur.

Los judíos orientales denominan al Yom Kipur “Ayuno Blanco”, por contraposición a Tishá be Av (el noveno día del mes Av), el “Ayuno Negro”, que se guarda en memoria de la destrucción del Templo. El Yom Kippur, o Día de la Expiación, es el día más sagrado del calendario judío. En esa jornada, el ayuno es tan estricto que ni siquiera se permite tomar agua. Es un día para la reconciliación, en el que se confiesan las transgresiones y se solicita el perdón de Dios.

Entre los árabes se encuentra el periodo del Ramadán. Periodo en el que los fieles a esa religión realizan un ayuno parcial y diurno que acaba tras la puesta del sol. Un párrafo del Corán dice: “La dieta es el remedio de primer orden; el estómago es el receptáculo de las enfermedades; no se posee nunca la salud llenándose el estómago; no hay que agotarse con la comida y la bebida; comer con exceso es el padre de todos los males; el régimen es el padre de todos los remedios”. Cuando los musulmanes van a la Meca, observan tres días de ayuno durante el viaje de ida y siete al regreso, sostenidos por el precepto de Mahoma: “El ayuno es salud”.

El Ramadán es el noveno mes del año islámico, mes santo del ayuno, y el ayuno durante este mes es uno de los cinco pilares del islam. Los otros cuatro son la profesión de fe, la oración, la limosna y la peregrinación a  la Meca. Debido a que el calendario islámico es lunar cambia la fecha del Ramadán de un año a otro. El ayuno de Ramadán comienza cada día al amanecer y termina tan pronto se pone el sol y durante esta horas los musulmanes tienen prohibido comer, beber o fumar. El día posterior al final del Ramadán se denomina “Fiesta de la ruptura del ayuno” (Id el Fitr), y se celebra con oraciones y festejos especiales.

El aspirante a teuctli (en plural, teteuctin) entre los aztecas, palabra que designaba el grado más alto de nobleza, hacía rigurosa penitencia durante un año, que consistía en el ayuno, la frecuente efusión de sangre y la prohibición de toda relación sexual, además de tolerar con paciencia malos tratos para probar su constancia.

Son muy conocidos los repetidos ayunos, en forma de huelgas de hambre, llevados a cabo por Mahatma Gandhi, en su camino de no violencia, de ahimsa, para liberar a la India del gobierno de Gran Bretaña mediante una revolución pacífica. Utilizó el ayuno como “arma” en su resistencia pacífica y de no colaboración con el gobierno británico y demostró ser un verdadero “guerrero pacífico”. En septiembre de 1932, mientras estaba en la cárcel, llevó a cabo un “ayuno hasta la muerte” para mejorar la situación de la casta de los intocables. Sus ayunos fueron imprescindibles para concienciar al pueblo y conseguir del gobierno inglés la libertad y la independencia de la India. Pero además de sus ideas pacifistas Gandhi conocía los efectos beneficiosos de la abstinencia temporal de comida en la salud.

En resumen, el ayuno se ha practicado durante siglos en relación con ceremonias, rituales (iniciación, fertilidad…) y ritos de religiones que lo contemplan en mayor o menor medida.

Así que mientras unos celebran las fiestas ayunando, otros nos llenamos la tripa con banquetes. No nos levantamos del banco hasta que todo lo que se ha dispuesto en la mesa desaparece.


20. EL AYUNO, UN CAMINO OLVIDADO HACIA LA SALUD

Nos interesa especialmente el ayuno terapéutico y utilizo el término terapéutico en su sentido original: Terapéutico viene del griego therapeutikós y significa servicial, que cuida de algo o alguien. Derivado de therapéuo, yo cuido. Y la palabra terapeuta viene del griego therapeutés, servidor. Realmente el terapeuta no es el que cura sino el que acompaña y cuida mientras la curación tiene lugar.

Según Pedro Laín Entralgo, gran especialista en Historia de la medicina y en Antropología médica: “A comienzos del siglo XIX….Vigente desde los hipocráticos, la restricción alimentaria en las enfermedades agudas seguía siendo la regla…”

Entre los médicos hipocráticos el principal recurso terapéutico fue la Dieta, “díaita”, expuesta en los tratados “Sobre la dieta” donde se describen las características, preparación e indicaciones de los alimentos, tanto para el enfermo como para el sano. Y diaita, según ellos, no solo se relaciona con el alimento ingerido sino también con el ejercicio, la actividad profesional y las costumbres sociales. Todo ello es “diaita”, dieta. El concepto de dieta en la Grecia antigua abarcaba no solo la alimentación sino el régimen o forma de vida al completo.

Hipócrates, según el Dr. Honorio Gimeno, uno de los médicos naturistas más reconocidos de nuestro país, “preconizó la utilización del ayuno, el pan integral y las frutas y hortalizas crudas y aconsejó que en cuestiones de alimentación se atendiese al instinto del enfermo. En lo fuerte de la enfermedad, conviene alimentación muy débil o la supresión absoluta de todo alimento. En las diarreas intensas la ingestión de manzana cruda. En invierno y en primavera, se puede comer más que en verano y en otoño. Cuando se tiene fiebre, el mejor alimento es el jugo de frutas. Si un enfermo se ha adelgazado bastante por enfermedad larga, no tiene que comer demasiado para recuperarse antes, sino que ha de hacerlo con precaución. Cuando la enfermedad no es muy importante y evoluciona en sentido favorable, el médico no ha de emplear muchos remedios; es mejor que actúe la fuerza vital natural, a ser posible, por sí sola. Dicha fuerza se conoció después en versión latina como “vis medicatrix naturae”.

Según Erasístrato, las más importantes causas de los síntomas morbosos serían el exceso de alimentación (plethos), la debilidad de ésta (apepsia) y la corrupción de lo ingerido. Para Erasístrato era más importante la prevención que la terapéutica. Reconoce a la enfermedad por el órgano afectado y no como se creía, por la afectación de los humores. Sustituyó el uso de la sangría, por la ligadura de los miembros, el ayuno, los purgantes suaves, la dieta, baños y ejercicios gimnásticos.

Entre los griegos, los metódicos (de la escuela metódica), trataban de curar mediante ayunos y alimentación seca o húmeda. Entre ellos Thessalio de Tralles clasificó las enfermedades en agudas y crónicas. Para tratar estas últimas ponía al enfermo a curas de ayuno y dietas estrictas con las que intentaba cambiar el estado general del cuerpo.

Aulo Cornelio Celso, de la escuela ecléctica, quien clasifica los signos de la inflamación en tumor, rubor, calor y dolor, signos reconocidos hasta hoy mismo, vivió por el año 30 después de Jesucristo, dijo en su obra imperecedera que existe una fuerza curativa natural en el cuerpo humano. Y recomienda, para protegerse de las enfermedades, una vida de acuerdo con las leyes de la Naturaleza. Tiene en mucha consideración el ayuno, así como la sudoración y las compresas calientes. En caso de una enfermedad incipiente, indica que se debería ayunar, mantener la calma, y beber agua fría.

Ateneos, físico griego del siglo II, dejó escrito: “El ayuno cura las enfermedades, seca los humores corporales, expulsa a los demonios, libera de los pensamientos impuros, aclara la mente, purifica el corazón, y eleva el hombre al trono de Dios”.

En el siglo XVII, el ilustre físico Paracelso llamaba al ayuno “el gran remedio”.

El médico norteamericano Dr. Isaac Jennings (1788-1874), tras muchos años de ejercer la medicina convencional, en el año 1822, comenzó a desarrollar y enseñó una filosofía que él denominó ortopatía, que expresaba su concepto sobre la naturaleza básica de la enfermedad. Fue el inicio del Sistema Higienista como un enfoque renovador sobre las causas y el tratamiento de la enfermedad. La recuperación de la enfermedad por la eliminación de sus causas verdaderas y no de sus síntomas.

Jennings pasó sus veinte primeros años de ejercicio de la medicina utilizando el tratamiento médico normal y las prácticas de sangría de su tiempo, pero su confianza en estas prácticas fue a menos, de manera que abandonó la lanceta y fue reduciendo las dosis de los medicamentos. En 1822 interrumpió toda medicación. Creyendo en la capacidad de autocuración del organismo recomienda el descanso, el ayuno, la dieta, el aire puro, y otros factores higiénicos o higienistas. El uso profesional del ayuno ante la enfermedad en los EEUU comienza en 1822, con Isaac Jennings. En 1830 Graham comienza a recomendar también el ayuno. Hoy en día aún se puede encontrar en las tiendas el pan Graham, en honor al que descubrió esta manera diferente de hacer el pan, el reconocido higienista Sylvester Graham. Otro gran experto higienista y que recomendó y estudió el ayuno fue el Dr. Russell Trall.

Entre los primeros especialistas en Higiene Natural o Vital, muchos de ellos médicos, se cuentan verdaderos especialistas en el ayuno. Entre ellos estaba el Dr. Edward Hooker Dewey, nacido en 1849 y defensor incondicional del ayuno. Escribió varios libros, entre ellos The No Breakfast Plan [El plan de no desayuno] que introduce al estudio del ayuno.

El famoso Dr. Beaumont realizó un montón de trabajos experimentales con un estadounidense llamado Alexis St. Martin. Este hombre tenía una herida de bala en el abdomen y la lesión dejaba al descubierto la cavidad gástrica. Debido a esta circunstancia, el Dr. Beaumont pudo observar el proceso de digestión de distintos alimentos y los cambios en la constitución de los jugos gástricos en diferentes condiciones. Y, dice Beaumont: «En las diátesis febriles se secreta muy poco o ningún jugo gástrico; de aquí la importancia de no introducir alimentos en el estómago en las afecciones febriles. No proporcionan ninguna nutrición, en realidad son una fuente de irritación para ese órgano y, en consecuencia, para todo el sistema. En estas circunstancias no se puede secretar ningún solvente y los alimentos son indisolubles en el estómago, como lo sería el plomo en circunstancias normales. ». Beaumont informa que la comida permaneció en el estómago de Alexis St. Martin entre 6 y 14 horas sin sufrir ningún cambio, excepto el de la descomposición, es decir, la fermentación y putrefacción.

El Dr. Charles E. Page nació en 1840, estudió medicina durante la Guerra Civil Americana y escribió mucho sobre el tema de la higiene y del ayuno. También colaboró en numerosas revistas en las que escribía sobre las virtudes del ayuno en el cuidado de los niños.

A finales del siglo XIX el Dr. Felix Oswald entre sus numerosas obras se encuentra un libro titulado Fasting, Hydropathy and Exercise [Ayuno, hidroterapia y ejercicio].

El Dr. John H. Tilden nació en Illinois en 1851. Se graduó en medicina en 1872. En su clínica de Denver (Estados Unidos) utilizaba regularmente el ayuno como método de cuidados.

Leopold E. Felke (1856-1926), sacerdote que adquirió bastante fama con el uso del barro, de otras prácticas naturistas (alimentación vegetariana, ayuno, la utilización de alimentos crudos) y de la Homeopatía.

En los últimos tiempos el Dr. Herbert M. Shelton (1895-1985), el más conocido higienista, es el mayor experto en ayunos. Tomó contacto con la Higiene Natural o Vital en su juventud y desde entonces llevó a cabo una gran labor de recopilación y difusión de los estudios higienistas. Shelton dejó escritos unos 40 libros. Uno de sus libros “Fasting Can Save Your Life” ha vendido varios cientos de miles de ejemplares. (450.000 libros vendidos en el ejemplar que tengo del año 1993). Otto Buchinger es otro de los grandes expertos en el ayuno, aunque el preconiza un ayuno modificado por la adición de 200 calorías en forma de miel o zumo de frutas en las tisanas y el agua.

En España la época floreciente en el campo de la salud natural (naturismo médico y homeopatía) durante la República española fue totalmente barrida durante la época de la dictadura de Franco. Actualmente hay visos de una nueva renovación en el campo del naturismo médico y de otras medicinas no convencionales, aún no reconocidas por los estamentos oficiales que controlan y regulan el ámbito sanitario.

El Dr. Ángel de Bidaurrazaga, el más conocido de los médicos naturistas clásicos vascos, cuenta en su libro Ayunoterapia y el Matrimonio, cómo se encontraba a los 34 años padeciendo una enfermedad intestinal grave de la cual comenzó a recuperarse realizando ayunos de agua con limón, y de limón o fruta fresca que chupaba. En el año 1928 realizó un semiayuno de 28 días con agua y zumo de limón y comiendo el limón que podía. “El propósito del organismo es defenderse, eliminando la materia que atenta contra su vida; y el medio más seguro que tenemos para ayudarles en esa labor es la Ayunoterapia. Mediante ella, dejamos plena libertad a la Viz Medicatriz para que aparte en el organismo el tanto de muerte del tanto de vida”.

Gandhi, que además de sus ideas pacifistas era vegetariano y tenía amplia experiencia en los cuidados naturales de la salud, utilizó el ayuno en apoyo de sus ideales de libertad para la India. Mahatma Gandhi, en su desconocida faceta de especialista en la salud, señala “No debemos llenar el aparato digestivo con alimentos innecesarios. Tenemos que comer solamente tanto como nos sea necesario y no más. Con frecuencia comemos de más, o ingerimos cosas indigeribles, sin darnos cuenta. Un ayuno ocasional, por ejemplo de una vez por semana o una vez cada quince días, nos permitirá mantenernos equilibrados. Si no nos resulta posible ayunar un día entero, podemos saltarnos una o más comidas durante el día”. La palabra vegetariano no deriva- como cabe suponer – de la palabra vegetal, sino del vocablo latino vegetus, que significa: entero, sano, fresco, vivo.

En su Autobiografía, Gandhi comenta que lee algo sobre la formación de una “Asociación de la Eliminación del Desayuno” en Manchester. El argumento que esgrimían sus promotores era que los ingleses comían demasiado y con harta frecuencia; que las facturas de sus médicos eran pesadas porque comían hasta la medianoche, y que debían por lo menos saltarse el desayuno si querían mejorar ese estado de cosas. Hace la prueba de dejar de desayunar para mejorar sus dolores de cabeza; le cuesta bastante durante unos días, pero los dolores de cabeza desaparecieron del todo. Esto le llevó a la conclusión de que estaba comiendo más de lo necesario.

Luego escribe: “No acepten más pacientes que los que puedan atender bien. Nuestro objetivo primordial es prevenir la enfermedad. Yo consideraría nuestro tratamiento como perfecto, si pudiéramos enseñar a la gente que acude allí, cómo tiene que hacer para mantenerse libre de enfermedad”.

Como hemos visto a lo largo de estas páginas, el ayuno no es una invención terapéutica de los tiempos actuales, sino un método tan antiguo como la humanidad misma. Uno de los mejores métodos que yo conozco en la búsqueda de la salud física, mental y espiritual.

Este escrito corresponde al Capítulo 2 de libro: El poder curativo del Ayuno, del Dr. Karmelo Bizkarra. Editorial DDB.

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