Principios Básicos del Higienismo por T.C Fry

El Higienismo es el sistema de salud basado por completo en los principios y hábitos que se encuentran en armonía con nuestra herencia biológica, condición indispensable para la existencia de una salud perfecta.

El concepto primordial del Higienismo es que la salud es un estado normal y natural y que la salud perfecta sólo se consigue por medio de la observación empírica de las causas de la salud.


¿Qué es el Higienismo?

La función del Higienismo como ciencia es la de estudiar todas estas condiciones que hacen posible la existencia de la vida. Pero no es su única misión, debido a que en nuestros días, la vida parece estar perdiendo contacto con todos estos factores, el Higienismo se encarga de «devolvernos a nuestras raíces».

Los animales de la naturaleza son criaturas que poseen un gran instinto, gracias al cual y guiado por él, logran encontrar por sí solos sus necesidades. De esta forma, se desarrollan perfectamente en armonía con las posibilidades de su entorno medioambiental. Para los animales de la naturaleza, el instinto innato actúa como una ciencia de la vida, o lo que es lo mismo, como el Higienismo.

El Higienismo debe actuar en los seres humanos de la misma forma que actúa la dirección innata en los animales. Aunque también estamos dotados de instinto, estamos muy alejados de esos simples impulsos vitales. Desafortunadamente, no sólo erramos al no seguir nuestros propios instintos, sino que a menudo tampoco los respetamos en nuestras formas de vida. Nuestros instintos se han visto viciados y pervertidos por las nocivas condiciones que reinan en un mundo que se encuentra sin patrones de salud.

La obediencia a nuestros propios instintos forma parte del Higienismo y constituye una de sus parcelas. Creemos que la naturaleza no erró al dotarnos de instintos, es más, afirmamos que son los seres humanos, con nuestros todavía novatos intelectos, los que han cometido la equivocación, un error que ha provocado la enfermedad y el sufrimiento.

«El Higienismo es una rama de la biología que se encarga de investigar las condiciones de las que depende la salud y los medios sobre los que se sostiene.
Con anterioridad al desarrollo de la fisiología, las reglas del Higienismo eran instintivas, sin embargo hoy en día, estas reglas se basan en el conocimiento, cada vez mayor, de la fisiología y la biología.
La salud sólo se puede conseguir por medio de una vida sana, no se puede comprar en una farmacia, ni se puede encontrar en la consulta de un médico.»

 – Doctor Keki Sidwa –


Filosofía, Principios y Hábitos Del Higienismo.

El Higienismo reconoce que el cuerpo humano es un organismo totalmente autosuficiente que se autodirige, autoconstruye, se preserva a sí mismo y se autosana. Además, si goza de todas sus necesidades, es capaz de mantenerse en un orden de funcionamiento magnífico, completamente libre de enfermedad. Entre estas necesidades es preciso destacar el aire fresco, el agua pura, el descanso y el sueño, la comida sana, la limpieza, una temperatura idónea, la luz del sol, ejercicio, un trabajo constructivo, equilibrio emocional, autocontrol, recreación y un entorno agradable.

Reconoce también que los seres humanos se encuentran adaptados por naturaleza a una dieta de frutas, verduras, nueces y semillas, digeridas en combinaciones compatibles, siempre y cuando éstas se encuentren en su estado puro, fresco y natural.

Afirma que las enfermedades son causadas por las formas de vida impropias, especialmente las malas dietas. La enfermedad aparece por una disminución de la energía nerviosa y la consecuente toxemia. Esta insuficiencia energética se puede producir por una disipación, el estrés, el abuso, el exceso de deficiencia de los elementos necesarios para la vida, o por una contaminación del organismo con sustancias anormales a éste. Por lo tanto, la recuperación de la enfermedad sólo se consigue interrumpiendo sus causas y suministrando las condiciones favorables para la sanación, siendo el descanso profundo la condición más favorable para que un organismo enfermo se purifique y recupere.

Los principios alimenticios no son más que un área determinada del Higienismo, puesto que esta ciencia también abarca otros aspectos como el bienestar mental, emocional, social y económico. Igualmente, incluye factores medioambientales o ecológicos y se extiende a todas las facetas relacionadas con el bienestar de los seres humanos.

El Higienismo considera como un error la idea de que la enfermedad pueda prevenirse o superarse por medio de sustancias anormales a nuestro ser natural. Por esta razón se condenan rotundamente todos los fármacos, medicamentos, vacunas y tratamientos, puesto que minan la salud al interferir o destruir los procesos y tejidos del organismo vivo.


Evolución Del Higienismo.

El Higienismo debe entenderse como una reafirmación de las condiciones más apropiadas para la vida humana. En su estado prehistórico, y debido a sus necesidades primarias ─en un nivel instintivo─, los seres humanos vivían de las frutas que cogían de las parras, tallos y árboles.

A lo largo de su proceso evolutivo, los seres humanos se convirtieron en seres más versátiles en su trato con las fuerzas de la naturaleza. Sin embargo, la humanidad decidió finalmente separase por completo de la naturaleza y de nuestra herencia biológica. Pese a que la mayoría de los humanos percibió su aportación primitiva durante la Era Cristiana, la era bárbara de la Edad Media provocó la renuncia a la naturaleza y a cualquier consideración con la tierra. Los seres humanos se empobrecieron en la observación de las necesidades elementales de la vida y se opusieron, en nombre de la iglesia y de la salvación, a las necesidades humanas de la tierra.

Afortunadamente, estos años oscuros no lograron que la humanidad desapareciera de la faz de la tierra, aunque a finales de esta era, las condiciones inhumanas y antinaturales en las que vivía la civilización europea desembocaron en numerosas plagas que diezmaron considerablemente la población. Plagas que no aparecieron como consecuencia de un contagio, puesto que en esta época de negras y bucónicas plagas, lo único contagioso que existía eran las formas de vida mortales que se extendían ampliamente.

El Higienismo, como una filosofía de vida y actitud, logró sobevivir durante los años oscuros, a pesar de la existencia de las dos plagas gemelas de la civilización humana: la medicina y la superstición religiosa, las cuales se encargaron de suprimir todo lo que estuviera relacionado con el mundo civilizado. Nuestro mandato biológico logró mantenerse bastante bien en muchas partes del mundo, como ocurrió en las culturas del Trópico, en el Lejano Oriente y en algunos parajes aislados. Y en muchas tradiciones y culturas logró mantenerse parcialmente.

Mucho antes de la era Cristiana, Pitágoras elaboró una filosofía de vida bastante extensa y completa. En ella se encontraba la mejor afirmación de la vida higiénica que se haya formulado hasta la fecha. Los griegos, incluyendo entre ellos a Pitágoras, además de conocer en profundidad las ventajas de las frutas, conocían profundamente las prácticas incipientes que engendraron el Goliat moderno de la medicina.

La filosofía de Pitágoras sirvió de abono a Apolonio y a Los Esenios, una cultura ascética que basaba su dieta alimenticia en las verduras y en las frutas. Una gran parte de la filosofía y los hábitos esenios aparecen reflejados en el Nuevo Testamento y en las palabras de Cristo. El fino hilo de la filosofía higiénica sobrevivió y recibió un ímpetu moderno de manos del genio más importante de la historia universal, Leonardo da Vinci, que sólo comía verduras y frutas.

Reitero que en muchas áreas del mundo, principalmente en el Lejano Oriente, durante una gran período de tiempo, nuestra herencia natural no se vio afectada por la actitud de la medicina. 


El Concepto de la Autosanación y la Autorecuperación.



Si observamos la naturaleza, podemos encontrar animales con cortes, magulladuras, huesos rotos y otras heridas, en proceso de sanación.Este proceso se efectúa por medio de unos poderes y facultades inherentes y naturales, y para su ejecución, los animales buscan un lugar tranquilo y aislado donde descansar. En este lugar se encuentran en permanente reposo y no toman ningún alimento.

De forma instintiva, cuando un animal se encuentra herido, evita realizar cualquier actividad que pueda suponer una disminución de las energías y facultades que el cuerpo centra en el proceso de sanación y recuperación. De esta forma y bajo las mismas condiciones, los seres humanos realizan, de acuerdo con nuestra naturaleza y disposición, su proceso de sanación en una fracción de tiempo que tiene lugar mientras se prosiguen las actividades regulares.

La sanación siempre ha sido y será un proceso biológico. Nuestra obligación no es otra que la de establecer las condiciones necesarias para que el organismo pueda efectuar el proceso de la forma más rápida y eficiente.

La idea que defiende que la aplicación de unas sustancias, condiciones y tratamientos anormales para el organismo, pueden ayudar al cuerpo, provoca mucho dolor y sufrimiento.


El Enfoque Médico De La Salud Y La Enfermedad.

La idea que sostiene la medicina surgió hace más de 2.500 años defendiendo que el cuerpo humano es como una máquina que puede repararse por medio de agentes externos. La máquina se estropea debido a la invasión de seres externos. Al comienzo de la historia, estos seres se denominaban espíritus malignos, demonios y diablos, y para su extracción era necesario un exorcismo. Con el paso de los años, estos espíritus malignos se convirtieron en diminutas bestias conocidas como microbios, gérmenes, bacterias, virus y otras apelaciones.

La idea que apoya el uso de la medicina es la siguiente: ésta actúa dentro del organismo buscando el problema existente, y cuando lo encuentra, acaba con los invasores efectuando, de alguna forma, la sanación necesaria.

¿Piensa que es posible desarrollar un fármaco que «cure» la borrachera sin indagar en la raíz del problema, es decir, el hábito bebedor de un borracho? ¿Cómo es posible combatir la borrachera, si el borracho continúa bebiendo?

Los fármacos son dañinos, puesto que provocan una situación de alarma en el organismo. El cuerpo debe redirigir sus energías y suprimir el proceso de autosanación que está en curso. Los síntomas por los que se administran los fármacos son pruebas del proceso de sanación iniciado y dirigido por el propio organismo. Cuando estos fármacos se ingieren o inyectan, el organismo debe renunciar parcial o totalmente al proceso de sanación y limpieza y acudir a la gran amenaza que representan los fármacos.

Los síntomas desaparecen en el preciso instante en el que se interrumpen los esfuerzos sanativos. Los médicos interpretan esta disminución de los síntomas como una «curación»  cometiendo el grave error de considerar que los fármacos son los causantes de la sanación. Sin embargo, el cuerpo presenta en realidad mayores problemas que anteriormente, puesto que además de continuar con ellos, ahora se encuentra con la dificultad de expulsar también las terribles toxinas.


Inicios Del Higienismo

El Higienismo tuvo su despertar en el año 1822 cuando el doctor Isaac Jennings, que tenía una consulta médica en Derby (Estados Unidos), perdió toda esperanza en los fármacos. Durante su dilatada carrera profesional como médico observó con dolor como sus pacientes empeoraban con los fármacos que les suministraba. Muchos de estos pacientes se convertían en enfermos crónicos, mientras que otros llegaban incluso a morir.

El doctor Jennings observó que los médicos, al envejecer, recetaban menos fármacos. Hizo igual que sus compañeros y descubrió como la disminución de fármacos coincidía perfectamente con la mejoría de los pacientes. A partir de ese momento cesó de recetar medicamentos, una decisión que dio como resultados verdaderos milagros. Cuando los pacientes llegaban con problemas a la consulta del doctor Jennings, éste les repartía píldoras de colores y agua tintada, junto a unas estrictas instrucciones para su uso, al igual que hacían sus compañeros con los fármacos.
En 1822, a la edad de treinta y cuatro años, entregó a sus pacientes placebos y les indicó que los tomara con un vaso de agua a unas horas específicas del día. Sus indicaciones decían que no podían tomar ningún alimento, puesto que si lo hacían, las píldoras no funcionarían. Les pidió que lo hicieran durante unos días y que pasado este tiempo volvieran para someterse a una revisión. Una vez que el doctor realizaba su revisión a los pacientes, éstos podían terminar sus régimen, o bien continuar durante «algunos días más».

Con la nueva estrategia iniciada por el doctor Jennings, sus pacientes comenzaron a mejorar. Mientras que éstos se recuperaban y prosperaban, los pacientes de los otros médicos iban llenando los nichos de los cementerios. Los enfermos comenzaron a acudir a él desde todos los lugares. El éxito que consiguió el doctor Jennings a través de sus sistema de «no medicación» sorprendió por igual a sus pacientes, a sus colegas y a sí mismo.

El doctor Jennings observó que la enfermedad no surgía como un ataque iniciado por algún ente maligno, sino que se trataba de una disminución de la energía vital o que ésta energía se proyectaba para la culminación de otras finalidades. Desde este nuevo punto de vista, afirmó que el causante de la enfermedad no era otra cosa que la reducción del suministro energético del cuerpo.

Pese a ello, podemos afirmar, sin temor a equivocarnos, que el doctor Jennings debe considerarse como el padre del Higienismo o Higiene natural, puesto que fue el primero en intentar elaborar un estudio sistemático de la fisiología de la salud y la enfermedad.


El segundo gran maestro del Higienismo es Sylvester Graham.

Nació en el año 1794, seis años después el doctor Jennings. Durante su niñez, fue un chico bastante débil. Su obsesión por convertirse en una persona sana le llevó a estudiar todo lo relacionado con la salud, convirtiéndose en todo un experto en anatomía y fisiología. En Filadelfia demostró todos sus conocimientos sobre fisiología y salud y se puso al tanto de las enseñanzas promulgadas por un grupo de «vegetarianos» que se abstenían de comer comida animal o productos elaborados por los medios actuales. Este grupo, que basaba sus formas de vidas en los mandatos bíblicos, se hacía llamar Iglesia Cristiana de la Biblia.

Sylvester saltó a la fama durante la gran «epidemia» del cólera en el año 1832. Literalmente tuvo que enfrentarse contra todo el colectivo médico de la ciudad de Nueva York y contra los intereses que apoyaban el sistema médico. Mientras los médicos aconsejaban a sus pacientes que se abstuvieran de ingerir fruta y que cocinaran toda su comida, el doctor Graham pedía una y otra vez que se consumieran frutas en su estado natural. También defendía, entre otras medidas sanas que atentaban contra las enseñanzas médicas, que se abrieran las ventanas, para dejar entrar la luz del sol y el aire fresco. Es preciso señalar que aquellos que cumplieron las recomendaciones del doctor Graham no sufrieron la epidemia del cólera, mientras que los que siguieron las órdenes médicas murieron masivamente.

Su fama como conferenciante sobre la salud tuvo su punto culminante en 1832 y, más que ninguna otra persona, supuso un gran avance para el Higienismo y empezaron a surgir libros y revistas presentando el «sistema Graham». También comenzaron a florecer las primeras tiendas donde se vendían los alimentos sanos que recomendaba en sus conferencias. Del mismo modo, también surgieron los primeros restaurantes y comodidades vitales para todo aquel que siguiera su sistema. Su nombre se convirtió en sinónimo de dieta higiénica y vida higiénica.

Mientras que el doctor Isaac Jennings investigó la salud y la sanación desde la perspectiva de la asistencia a las personas para recuperar la salud, el doctor Sylvester Graham fue el instrumento que enseñó los pilares básicos de la vida sana para que los individuos no enfermaran.


Durante la década de 1840 surgió otro de los grandes genios que ha producido el movimiento, el doctor Russell Thacker Trall, uniéndose de esta forma al doctor Graham y al doctor Jennings.

La suya era una mente activa y metódica que nunca cesó en el intento de buscar las bases científicas y racionales de los hallazgos y conceptos desarrollados por sus antecesores. De esta forma logró convertir el sistema higiénico en un modelo que podía retar con toda seguridad al sistema médico.

En 1863, el doctor Trall pronunció una conferencia en el Smithsonian Institute para algunas de las personalidades más destacadas del país. El título de la conferencia, que provocó durante todo el tiempo un murmureo en la sala, era El verdadero arte de sanación.


Durante la década de 1870 la profesión médica adoptó la teoría del germen de Louis Pasteur con gran pasión. La gente consideraba mucho más fácil culpar de sus problemas a unas pequeñas bestias que a sus propios hábitos de vida.

La llegada y aceptación de la «era del germen» coincidió con el declive del Higienismo. Pese a que su filosofía todavía permanece con vida y son muchos los adeptos que la siguen, la verdad es que ha experimentado un importante retroceso en nuestra sociedad.

No importaba cómo vivieran o qué habitos tuvieran, nunca eran culpables de su estado. La teoría del germen los convirtió en víctimas desafortunadas de unas entidades malévolas sobre las que apenas podían ejercer un pequeño control.


La recuperación del Higienismo durante la década de 1920 se debe principalmente a los esfuerzos que en su día realizaran Bernarr McFadden y el doctor Herbert M. Shelton.

Aunque durante los primeros años del siglo surgieron higienistas bastantes importantes como Hereward Carrington, Otto Carque, John H. Tilden y Linda Burfiel Hazzard, el doctor Shelton se convirtió en la voz más importante y conocida del Higienismo, gracias principalmente a la publicación de su libro inmortal Human Life, Its Philosophy and Laws (La vida humana, su filosofía y leyes) en 1927.

Pese a que el doctor Shelton construyó sobre los pilares de sus antecesores, el volumen de literatura que escribió con sus nuevos hallazgos y pensamientos fue tan grande que no existe otra persona que haya contribuido tanto a la ciencia y arte de la vida sana.


Extraído del Libro:
“El Sistema De Salud Del Higienismo” · 1986 Life Science Institute · Principios Básicos Del Higienismo por T. C. Fry

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